31 de octubre de 2009

La angustia corroe el alma



Rainer Werner Fassbinder nació en los estertores de la Segunda Guerra Mundial (1945) y murió cuando la Guerra Fría comenzaba a agonizar (1982). Aunque vivió poco tiempo en la tierra habría que preguntarse si algún otro artista, en catorce años de carrera, produjo tanto como él (26 películas para cine y televisión y 8 obras de teatro estrenadas) y dejó una huella tan profunda en formas, estilos e intenciones, porque la figura de Fassbinder crece a la altura de clásico en estos tiempos y no sería extraño que se transformase en mito en algunos años más. Su marca de fábrica es el melodrama distanciado del espectador, donde el rol social de la mujer y el rol social de la sexualidad ponen en foco el estado de las cosas en la Alemania de los años ’70, país que aún arrastraba las culpas de la guerra (Katzelmacher, Las amargas lágrimas de Petra von Kant, La ley del más fuerte, Sólo quiero que me amen, entre otros títulos). Pero el tratamiento de sus textos nunca buscó exorcizar fantasmas sino crearlos, y es por eso que hoy ver sus películas o poner en escena sus obras de teatro sea una forma de entender el mundo moderno que Fassbinder ayudó a crear.
GOTAS QUE CAEN SOBRE ROCAS CALIENTES es uno de sus textos tempranos, de 1965, estrenado en 1985, en el Festival de Teatro de Munich, y cuya traslación al cine en 2000 por François Ozon le dio trascendencia internacional. En ambos casos la historia nos dice que el cincuentón Leopoldo conquista al veinteañero Fran, y que Fran está de novio con Ana y quiere casarse con ella aunque ninguno de los dos tenga dónde caerse muerto, por lo que esta conquista de Leopoldo tiene menos de triunfo sexual que de interés por parte de Fran. Pero Leopoldo es un conquistador en el sentido más amplio del término: su conquista implica el dominio absoluto del otro, el someterlo a una especie de esclavitud consentida, esclavitud de la que no podrá escapar porque el amor y el dinero son ilusiones trágicas. Esto último resume la obra de Fassbinder: el capitalismo entendido no como variable económica sino como modelo social. En la versión de Matías Marmorato, aunque apoyada en la estética de la película, este asunto se potencia por algunos valiosos hallazgos en el diseño de los personajes: Leopoldo no tiene aspecto atildado sino una impronta de nuevo rico que lo torna aún más siniestro; Fran no parece tan inocente; Ana es tan cándida como visceral; y Vera está tan golpeada por dentro que se la ve radiante por fuera.
Aunque Daniel Toppino y Juan Pablo Mirabelli (Leopoldo y Fran, respectivamente) aportan química a la relación de sus personajes y filo a la lucha por el poder, algo sucede cuando entra en escena Sofía Gala Castiglione: la obra no solamente cambia de registro por razones dramáticas sino porque ese elemento femenino de la obra de Fassbinder se vuelve rotundo. Por supuesto que esta Ana no es un personaje a la altura de Veronika Voss o de Maria Braun, sin embargo no es un rol menor ni tampoco un rol de reparto: es el rol de la mujer de acuerdo a Fassbinder, el elemento pasivo que la sociedad utiliza para sus fines y que, luego de ser manipulada, despojada ya de sus sentimientos, podrá ejercer su mirada crítica y su poder de veto. Y esto es lo que Sofía Gala Castiglione presenta en escena, fragilidad emocional y rigor conceptual, una dualidad peligrosa que tentaría al desborde pero que encuentra en esta actriz una inteligencia manifiesta: Ana nunca se mostrará del todo, nunca se expondrá a perder su integridad, simplemente se dejará llevar por las circunstancias y adoptará el rol que mejor le convenga dentro de las transacciones que le propongan. Y a esto no puede plegarse Vera, el último personaje en cuestión, una antigua amante de Leopoldo que él moldeó de acuerdo a sus necesidades, un hombre feminizado o una mujer masculinizada, una persona cuyo sexo se ha perdido pero cuya humanidad se ha acentuado, el monstruoso reflejo de los otros al que Virginia Garófalo le entrega el cuerpo y el alma corroída por la angustia de no ser. Es a partir de la excelente composición de esta actriz que la puesta de Marmorato adquiere otra relevancia: el amor también es intercambio material, el motivo para otros fines, la ley del más fuerte. Pero atención porque GOTAS QUE CAEN SOBRE ROCAS CALIENTES es una comedia muy negra, y muy divertida.


GOTAS QUE CAEN SOBRE ROCAS CALIENTES, de Rainer Werner Fassbinder. Adaptación y Dirección: Matías Marmorato. Producción Ejecutiva: César Carozza. Realización Artística: Dino Balanzino. Intérpretes: Daniel Toppino, Juan Pablo Mirabelli, Sofía Gala Castiglione, Virginia Garófalo. Viernes y Sábados a las 22.45. Teatro del Nudo, Av. Corrientes 1551.

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